La Creación

Y primero la Vida despertó, y dijo: "He aquí el lugar donde he de crear". Y al volver el rostro observó a su hermano, la Muerte. Y él le respondió: "Pero todo lo creado ha de tener un final"

Razas y Pueblos de Erthara

RAZAS DE ERTHARA


Los Hijos de Rion, Los Hombres Dragón.
También llamados Caballeros Dragón. En su origen, pertenecen a la raza de los grandes dragones creados por Rion, pero Eda, en su infinita sabiduría, les dotó de una segunda apariencia humana, aunque sus rasgos se diferencian de otras razas.
Se caracterizan principalmente por tener unos ojos en tonos amarillos, verdes o rojos, pupila alargada, el glóbulo ocular es blanco como el ojo humano. Por otra parte conservan un tercer párpado, al igual que los reptiles. Su piel es ligeramente dorada, y no poseen pelo, ni cejas, ni más vello que unas suaves pestañas. Su sangre, a diferencia de la del resto de razas de Erthara, es fría y de color azul. Pueden llegar a vivir casi 3.000 años, y envejecen muy lentamente, de forma apenas perceptible. Sin embargo, cuando sienten que la muerte se aproxima, toman definitivamente su forma de Dragón y se alejan hacia las montañas, donde se recuestan y duermen para siempre, convirtiéndose en roca.
Se dice que tras el Juicio, aquellos que realmente lo merecen se funden con los grandes vientos de Rion, para sobrevolar y proteger los cielos de Teres, tal como éste deseó en un principio.
Sin embargo, tal como es el destino de todas las razas de Erthara, la vida de esta raza se completa en Ishana, la Estrella de los Dioses, en la ciudad de Lyrion.


Los Hijos de Ales, Los Hombres.
Sus cuerpos envejecen a una mayor velocidad que la de las otras razas de Erthara, por lo que su vida también es más corta, rondando los cien años sólo en casos excepcionales.
Destacan sobre todo por su diversidad, por su fortaleza física y su fácil adaptación a todos los climas y zonas de Erthara, de forma que son la raza más extendida de ésta. 
Hay dos grandes grupos de humanos:
·         Los Nareltha. Son aquellos que aceptaron la protección de Eda y recibieron de ella el don del Equilibrio y del Ennar, que los conectaba íntimamente con los espíritus de la naturaleza, bien sean animales o vegetales. De esta forma, se dividen en Narelântar, aquellos que recibieron el Espíritu u Ennar de un animal, o Elthalântar, los que recibieron el Espíritu u Ennar de un árbol.
·         Los Yebeuth. Son aquellos que no aceptaron la protección de Eda, huyeron de ella y, por lo tanto, no recibieron los dones de Eda. De ahí su nombre, "Yebe", don, y "uth", sin.


Los Hijos de Eda, Los Elfos.

Son muy similares a los humanos, si bien son más esbeltos, y no tienen barba ni vello en el cuerpo, es una raza de sangre caliente. Pueden vivir cientos de años pero su cuerpo no envejece aunque sí lo hace su alma que va notando el paso del tiempo lentamente. Cuando llegan a una avanzada edad, sus cabellos se vuelven blancos mientras que su piel no se arruga pero si pierde color. Debido al cansancio del alma, suelen caminar de forma lenta y solemne, también hablan de forma muy pausada y calma y tienen una mirada muy profunda debido a que sus ojos, independientemente del color que tuvieran en la juventud, son casi totalmente negros a excepción de un pequeño círculo del color que tuvieron originalmente como si la pupila se hubiera dilatado excesivamente.

Aquellos que no mueren por accidentes o heridas mortales, cuando llega el momento en el que deben abandonar el mundo, se alejan hacia lo más profundo del bosque donde duermen para siempre o bien lo hacen en sus hogares. Tras el Juicio, tal y como dicta el destino de todas la razas de Erthara, el alma del elfo viaja a Ishana, la Estrella de los Dioses.




Medio Elfos, hijos de Elfos y Hombres.

De apariencia más humana, algo más esbeltos que un humano normal, pero pueden tener barba y vello, aunque no todos los tienen. Notan la vejez como los hombres pero a un ritmo mucho más lento y nunca llegan a ser tan viejos de aspecto físico como los humanos. Viven más años que los humanos, algunos hasta el doble. Algunos medio elfos, al igual que los elfos, cuando ha llegado el momento en el que deben abandonar el mundo, se alejan hacia lo más profundo del bosque o bien se internan en el mar, para descansar para siempre. Según su última elección, así cumplirán finalmente su destino tras el Juicio, pues tal y como dicta el destino de todas las razas de Erthara, el alma viaja a Ishana, la Estrella de los Dioses.

Los Hijos de Ineo, Los Enanos.

De baja estatura, poco más de un metro, pero robustos y fuertes, de largas barbas y cuerpo velludo, incluso en las féminas. De rostros rojizos y ojos pequeños. Rubios, morenos, pelirrojos, llevan largas barbas y largos cabellos trenzados. Al igual que los Hombres, envejecen con el paso del tiempo hasta la muerte, aunque suelen vivir más años que los Hombres. Tras el Juicio, tal y como dicta el destino de todas las razas de Erthara, el alma viaja a Ishana, la Estrella de los Dioses.
Su carácter y su físico son fuertees, duros como rocas. No les gustan los cambios ni los extranjeros, sea cual sea su raza. Son recelosos incluso entre las diferentes tribus de Enanos.
Cuando entran en confianza se puede descubrir su naturaleza más noble, si es que la tienen. Tienen un elevado sentido de la lealtad, tanto en lo bueno como en lo malo. Tampoco olvidan nunca una afrenta. Pasan rápidamente de la alegría más intensa a la ir más incontrolable, y viceversa.
Más dados a los trabajos manuales que a cualquier tipo de actividad intelectual, no obstante, tienen una gran inteligencia y agudeza.
La mujer Enana, a excepción de la Reina Consorte, no participa activamente en las relaciones políticas o de poder, aunque son capaces de realizar las mismas tareas que los Enanos. No participan en la guerra, pero son consideradas como "El Último Bastión" de la tribu, pues sólo entrarían en batalla si tuvieran que defender sus casas y su descendencia, cuando el Ejército de su Tribu hubiera sido derrotado y diezmado.

Los Akado. Son los espíritus de la naturaleza. Por lo general tienen apariencia humana y cada individuo es único en aspecto y personalidad. Se dice que pueden presentarse en formas no humanas, y pueden aparecer hermosos o tan terribles como deseen. La mayoría se presenta teniendo una apariencia adorable. Sus cuerpos son semitrasparentes, de un color verde pálido o blancuzco y de muy baja estatura. Hay de dos tipos : Akadome (espíritus de los árboles) y Akadore (espíritus de los animales)

Los Aenari.  Son semidioses que se quedaron en el mundo para custodiarlo algunos de ellos. Suelen tener formas humanas y son inmortales.

Los Gnomos Waikhise.
Son seres de forma humana, muy pequeños, de apenas 15 centímetros de altura. Su piel es blanca y luminosa, y sus ojos son como los de los gatos, con el iris alargado y siempre en colores azul, verde o amarillo. Son muy estilizados, y tienen orejas puntiagudas al igual que los Elfos. Los varones tienen una larga cola prensil, y las hembras tienen alas de mariposa de varios colores. Sus cabellos son normalmente de color negro, rubio, y muy raramente blanco, aunque en éste último caso siempre tienen los ojos azules.

Los Trasgos.
Seres de pequeño tamaño, delgados, de horrenda apariencia. De mediana estatura, entre la de un Humano y la de un Enano. Son perversiones creadas por los Dioses Oscuros. Su piel es grisácea, y a menudo presentan malformaciones en cuerpo y rostro.

Los Ogros.
Seres de gran tamaño y corpulencia, de horrible apariencia. Poseen piel oscura y arrugada, y corta cola. Al igual que los Trasgos, son perversiones creadas por los Dioses Oscuros, mezclando y torturando las diferentes razas de Erthara.

PUEBLOS DE ERTHARA

Además de los Nareltha, cuya historia se cuenta en el libro, hay otros muchos pueblos en Erthara. Aquí incluimos una lista de los más conocidos.

Los Enanos de Angennel
Según cuenta una antigüa leyenda de los Enanos, la sangre de los mismos dioses corre por la venas de sus Reyes desde el Primer Rey.
Fue en el origen de los tiempos, cuando Elfos, Hombres y Enanos despertaron en lo que hoy se conoce como la Tierra de los Dragones, el actual continente de Alerthe. Sin embargo, por aquel entonces Erthara todavía no había cambiado, y estaba formada por un único continente. Allí, en el Valle Secreto de Heimmi, las primeras razas vieron la luz del Sol por primera vez, durante la Primera Guerra de los Dragones.
Durante algún tiempo se dedicaron simplemente a descubrir el mundo que les rodeaba, Erthara. Y los Enanos en seguida se sintieron atraídos por las piedras, las montañas y las minas profundas. Hacia allí se dirigieron los primeros Enanos, deleitándose con cada una de las gemas que encontraban, con cada piedra, y cada nuevo metal.
Y según la leyenda, fue entonces cuando uno de los Enanos más jóvenes, conocido como Gadur el Rojo, desapareció. Muchos le vieron descender a través de los pasadizos oscuros que conducían a una mina especialmente profunda. Ninguno le vio volver.
Algunos dijeron que quizás había caído en el Abismo, otros en cambio pensaron que había sido atrapado por los Dragones de Tierra de las profundidades. Finalmente, se perdió la esperanza, y muchos lloraron por Gadur el Rojo.
Sin embargo, cuando ya eran pocos los que se acordaban de él, Gadur regresó por la misma sima por la que había desaparecido. Cien años habían pasado, pero el paso del tiempo no lo había tocado. El pueblo de los Enanos lo miró asombrado. Sus cabellos rojos estaban ceñidos por una corona de oro en forma de yelmo, engastada de esmeraldas, diamantes y rubíes. En la mano derecha llevaba una gran maza de hierro, y en la izquierda sostenía una copa de plata y diamante, que contenía un espeso líquido rojo.
Así fue reconocido el Primer Rey, Gadur el Rojo. Y se dice que en sus venas corría la mísmisima sangre de Ineo, Dios de la Forja y de la Fragua. El Yelmo Dorado fue desde entonces símbolo de la Casa del Rey, así como la Gran Maza, la Indestructible, pues se decía que en manos del Rey era liviana como una pluma, pero su golpe era letal y destructor como el mismo martillo de Ineo. Y la Copa de Edea, Diosa de la Tierra, que transmite la Sangre Real al Heredero.
Sociedad:
- Rey
- Diez Señores de la Guerra

- Pueblo

En esta entrada puedes conocer el origen de la enemistad entre enanos y elfos:

Erein.

Se trata de una ciudad situada al otro lado del Mar Escarlata y enclavada en un boscoso valle en la estribación austral de las Montañas Blancas. En los últimos tiempos la ciudad se ha convertido en un referente para los intercambios comerciales entre los distintos rincones de Aranorth. Erein es prácticamente un gran mercado en el que se organizan muchas ferias de diversa índole. Sobre todo en la estación veraniega, tienen lugar unas cuantas ferias, de las flores, del ganado, de artesanía o del maizal. 

Se halla en el enclave conocido como Inai Patal, El Valle Poderoso. Éste era el nombre que recibía un boscoso e impenetrable valle que se abría en la más austral de las estribaciones de las Montañas Blancas, en el extremo oeste del Mar Escarlata. Antiguos mercaderes habían establecido allí sus tiendas y sus factorías, al amparo de los muchos peligros del mundo, fundando la ciudad de Erein. Desde allí, habían comerciado con los hombres del Elthaluare, con los nómadas del desierto, con los enanos de las montañas, e incluso desde los primeros tiempos establecieron lazos mercantiles con los nareltha, y la ruta marítima hacia Aleneltê fue siempre una de las más importantes. Con el tiempo muchos mercaderes se convirtieron en artesanos, herreros, tejedores y leñadores; y Erein creció al tiempo que también lo hacían las riquezas de las familias de los primeros mercaderes.  
Los grandes mercaderes recorrían el continente acopiando los productos de toda Aranorth para intercambiarlos en la ciudad, y para luego partir en nuevas gestas comerciales. Inai Patal se beneficiaba de un puerto natural que daba al Mar Escarlata, y desde allí los navegantes podían alcanzar Nirent para llevar sus mercancías al mar del Dragón, o bien hacia Ahyamara, desde donde partían las caravanas del desierto hacia los asentamientos humanos del Desierto de Ma’dahab. En los últimos años, mercaderes extranjeros habían estado llegando desde los confines más remotos de Aranorth para comprar y vender. La riqueza de Erein atraía a los foráneos, por lo que muchos de ellos estaban estableciéndose definitivamente en la villa.


Hacía pocos años que los grandes mercaderes habían financiado la construcción de un puerto estratégico en el continente, Porto-Algois, para así surcar el mar Sol de Plata, que separaba el este de Aranorth de los países del Extremo Oeste, al otro lado de ese mar; de esta manera habían tejido una gran red comercial en el continente. Erein era una plaza franca para la Tierra del Sol, donde las mercaderías más exóticas del sur y del norte, de oriente y de occidente se intercambiaban y donde los rateros y los artistas ambulantes medraban. Su población, aunque constreñida entre los límites de Inai Patal y el Mar Escarlata, era floreciente y muy opulenta, y sorprendentemente llamativa por una característica fuera de lo común: la pacífica y cordial convivencia de personas de distinta procedencia, cultura y raza, bajo los fragantes árboles frutales y en torno a las mismas plazas y edificios de piedra blanca. Erein parecía ser, a los ojos del visitante, una de esas grandes excepciones y agradables sorpresas a las que el mundo daba cabida muy de tanto en tanto. Se decía que Erein era un gran mercado, siempre atiborrado de gente de todas las razas, culturas y procedencia. 

Los Hombres de Breald
Sociedad:
- Rey
- Gran Obispo
- Nobles y Obispos
- Pueblo y Monjes

Son hombres de un caracter tradicional, severo y rígido. Con matrimonios concertados donde la mujer es considerada un mero adorno, consuelo y unidad reproductora para el hombre.
Su religión desvirtuada les lleva a relegar a Eda como mera Diosa de la Fertilidad, y se venera a Nuad como Creador y Destructor, Principio y Fin de todas las cosas. Son fanáticos que no toleran otras religiones, además de tener deseos expansionistas, lo que les ha llevado a perseguir hasta el exterminio a cualquiera de entre su propio pueblo que no se acogiera a la religión mayoritaria.

El gobierno lo ejerce el Rey, rodeado de un grupo de Nobles y Sacerdotes como Consejeros. Es una monarquía hereditaria. El Rey puede elegir esposa entre cualquiera de las doncellas nobles, sin importar la opinión de ésta. Después de una fastuosa boda de dos días de duración, siempre coincidiendo con la primera luna nueva. Una vez concluida la boda, la doncella dispondría hasta la siguiente luna nueva para quedar encinta. En caso de no ser así, el Rey tendría derecho a repudiarla y a buscar otra esposa.
Aquellas repudiadas, ya fuera por el Rey o por otros Nobles entre quienes se había extendido la costumbre por su propio beneficio, iban a parar antigüamente a La Casa de las Infelices, ya que no se consideraban socialmente dignas. Actualmente sin embargo son obligadas a servir como monjas, satisfaciendo los deseos de los Sacerdotes y Obispos.

Los Hombres del Desierto. Askaramil.
Se dice que los Dioses, tras la Última Batalla, dejaron en Erthara algunos Espíritus Elegidos, aquellos que debían guiar a sus Hijos en su camino, y debían guardar así mismo los más preciados tesoros de Erthara.
Entre ellos se encontraba Ramel'el, la Hija del Desierto. Ella era la guardiana de los Vastral, los Oasis del Desierto. La doncella que guardaba y equilibraba la vida allí donde parecía imposible que nada pudiera vivir. Era su voz la que encantaba a las nubes para que derramaran su preciado tesoro de vida sobre el Desierto, de forma que éste pudiera renovarse y vivir.
Según cuentan los Hombres del Desierto, que se llaman a sí mismos en su lengua Alskaramil, "Amantes del Desierto", después de ver la luz en el Valle Secreto muchos de ellos emprendieron un largo viaje a lo largo de la tierra. Inquietos, sintieron en su interior la voz de su padre, Ales, Dios del Mar, que les llamaba desde las costas donde rompían las olas.
Por aquel entonces Erthara estaba formada por un único continente, y cuando se pusieron en marcha la costa estaba lejos, demasiado lejos. Así, lentamente pero de forma constante, los pueblos de los Hombres se fueron alejando de Heimmi, encaminándose hacia el Este. A su paso dejaron atrás muchos pueblos, a orillas de los ríos o de los lagos, y se fueron formando ciudades de Hombres que no llegarían a concluir el viaje.
El mundo cambió, y la Gran Guerra separó los continentes. El mar que los llamaba anegó las tierras, separándolos de los hermanos que habían quedado atrás. Pero para muchos de ellos la búsqueda había concluido. Habían llegado el mar, o el mar había llegado a ellos, y eso era todo lo que deseaban.
Pero más allá de la costa oeste se hallaba el Desierto de Ma'dahab. Algunos, deseando cumplir con el destino que habitaba sus corazones, decidieron seguir adelante a pesar de todo. Entre ellos se encontraba Vast, un joven pastor de cabras que seguía con su rebaño los pasos de su pueblo.
Una noche Vast se encontraba observando las estrellas cuando se dio cuenta de que en el horizonte brillaba un extraño destello verde. Al principio creyó que se trataba de su imaginación, y se frotó los ojos pensando que contemplando la belleza de las estrellas se había quedado dormido. Pero cuando volvió a mirar, aquel destello seguía danzando en el horizonte. Y se preguntó qué originaría aquella hermosa luz verde. Y si podría encontrarla. Pero antes de que pudiera ponerse en marcha, la luz desapareció.
Durante las siguientes noches Vast permaneció en vela bajo las estrellas, esperando volver a ver el destello verde. Pero nada ocurrió, hasta que por fin, siete noches después, volvió a verlo, más cerca que la vez anterior. Tan cerca que, sin pensárselo dos veces, se adentró en el desierto en su busca.
No tuvo que buscar mucho su origen. Entre colinas de arena encontró para su asombro un paraíso verde de árboles y flores, entorno a un lago de aguas cristalinas. En la orilla, entre juncos y nenúfares, danzaba la doncella más hermosa que sus ojos hubieran contemplado nunca. Sus largos cabellos eran negros como la noche estrellada, y su piel era del color de la arena tostada. Ella de pronto se sintió observada y se volvió para mirarlo. Sus ojos eran verdes, como las brillantes aguas del Oasis. Del mismo color que el destello que el iba siguiendo. La doncella al principio le miró con curiosidad y asombro, pero luego sonrió, y le invitó a acercarse con un gesto.
Fue así como Vast encontró a Ramel'el, la Hija del Desierto. Y ambos se amaron desde el primer momento. Esa misma noche Vast la convenció para que volviera con él y conociera a su pueblo, y ella accedió.
Cuando regresó, el pueblo de Vast quedó asombrado por la belleza de la joven, y ella les mostró entonces parte de su poder. Les enseñó cada rincón del desierto, todos sus secretos, y la magia y la belleza que había en él. El pueblo de Vast adoró entonces a la joven de cabellos negros, la Hija del Desierto y de la Diosa.
Y cuando Vast y ella se desposaron, fueron elegidos para gobernar al pueblo. Y ambos los guiaron a través de los Vastral, estableciendo allí ciudades. Y muchos otros se expandieron por el desierto, como Nómadas entre las arenas y las ciudades que lo formaban.
Pero Vast y Ramel'el tuvieron una gran descendencia, que se mezcló con el pueblo. Y ellos fueron llamados los Padres de los Alskaramil.
Hasta que un día, por su naturaleza humana, le llegó a Vast el momento de morir, y de viajar a Ishana. Ya era anciano, pero Ramel'el apenas había cambiado. Y cuando su amado murió, Ramel'el lloró durante dos lunas, y durante dos lunas llovió en el desierto. Pero finalmente acudió a ella la Diosa, y le pidió que le dejara regresar a Ishana para así reencontrarse con aquel a quien amaba. Pero Eda le preguntó quién cuidaría del desierto y de sus misterios, y de los seres que lo habitaban. Y Ramel'el sonrió, y le mostró a su pueblo, diciéndole a la Diosa: "Ante tí tienes todo un pueblo de guardianes". Y Eda se sintió complacida, por lo que le concedió lo que le pedía.
El reino más importante de los Alskaramil es An'garth, aunque los Nómadas del Desierto controlan la totalidad de Ma'dahab, incluyendo las ciudades de Thertan y Nirent.

Los Piratas de Port-Gael.
Sociedad:
- Gran Pirata
- Hijos de Piratas: familias descendientes de famosos y renombrados piratas de siglos anteriores, con la piratería como tradición familiar.
- Nuevos Piratas: individuos que, en función de su historia particular, han abrazado la piratería y se han refugiado en Port-Gael.
- Esclavos.

En el año 3671, Burtinêr, un "nuevo pirata" consiguió hacerse con el favor de muchos de los piratas que se encontraban en activo en aquellos momentos, y se enfrentó a las familias más antigüas y poderosas de la ciudad en una gran revolución, haciendo caer al anterior Gran Pirata con ellas. En el año 3701, Burtinêr, de voz sibilante y mirada siniestra, controlaba con mano de hierro Port-Gael, al mismo tiempo que intentaba expandir su poder e influencia por el norte de Aranorth, gracias a acuerdos con los Elfos Elthalântar, los Hombres de Breald, o los Elfos Oscuros de Tuyrozd.

Los Elfos Oscuros, Los Uonu-Nyrr.
Sociedad:
- Budu-Tuyr: "Chamán del Bosque Oscuro", líder de la Junta Budurr.
- Junta Budurr o Budu-Aorr: formada por los Budurr o Aonyrr, una especie de Consejo formado por los Elfos más ancianos.
- Budu-Uott'ur: Líder militar.
- Budu-Kwak: Líder religioso.
- Att'ur: Nobleza.
- Bur'urr: Vasallos.

Los Uonu-Nyrr, también conocidos como los Señores Oscuros o Elfos Oscuros, creen en la perfección del arte que ellos denominan Uonu, mientras se valen del miedo que proyectan en los pueblos de alrededor para conseguir bienes materiales con los que sustentar Tuyrozd, su capital, y sufragar los gastos de sus experimentos. Sobre todo, Breald, y en especial, Nahald e Hildan, sufren la extorsión de los Uonu-Nyrr, e incluso algunos de los habitantes de esos pueblos se han ido a vivir a Tuyrozd, convirtiéndose en sus vasallos.
Este pueblo de Elfos Yebeuth, pero debido a su naturaleza oscura fueron conocidos como Elfos Oscuros. Se dice que en la antigüedad, en la época en la que los Nareltha aún vivían en Tualêma, se erigía en la que actualmente es la costa oeste y que entonces se hallaba en el corazón del Gran Continente, aquél pueblo de Elfos. Su ciudad era conocida como Tûroze, que venía a significar "Piedra o Fortaleza Ardiente", y la oscuridad todavía no había abrazado a sus habitantes. Sin embargo, rechazaron a Eda y su Don, encerrándose en su bella ciudad. Y cuando el mundo se estremeció y cambió al final de las Eras Oscuras, cuando Tualêma cayó, también lo hizo Tûzore. Sus edificaciones se resquebrajaron, y todo quedó en ruinas. Pero aún así, sus habitantes no quisieron abandonar la tierra que había sido su hogar y permanecieron allí, cerca de los pantanos que se habían apoderado de lo que antes fuera una tierra verde y fértil. Según cuentan las leyendas, los Dioses Oscuros se apoderaron entonces de toda aquella zona, aprovechando el desconcierto que el cambio había provocado en Erthara. Muchos de aquellos Elfos fueron encerrados y torturados, obligados a alimentarse del cieno venenoso de los cenagales. Cuando los Dioses Oscuros fueron vencidos, aquellos elfos fueron abandonados a su suerte y regresaron a las ruinas de las que había sido su preciada fortaleza. Pero ya no eran los mismos.
Entonces, su lenguaje deformado convirtió Tûroze en Tuyrozd, y desde allí aquel pueblo se fue reorganizando con el único objetivo de recuperar sus tierras de antaño. En las ruinas de la ciudad élfica empezaron a realizar experimentos con animales, similares a los que los Dioses Oscuros hubieron realizado con ellos en el pasado, probando venenos que pudieran usar contra los pueblos humanos y élficos que comenzaban a asentarse en el noroeste del nuevo continente, Aranorth.
Trazaron planes para recuperar la zona del bosque que un día les perteneciera, y durante siglos fueron empleándos en las artes oscuras, en el arte que ellos llamaban Uonu, y realizando nuevos venenos, torturando a hombres que secuestraban en aldeas vecinas. Ya nada tenían que ver con los Elfos de la bella y luminosa ciudad de Tûroze. Ahora eran austeros, corruptos y rencorosos, y su idioma había evolucionado, deformando las palabras que ellos tanto amaron.
Reverenciaban en secreto a un Dios que ellos llamaban Kwakân, un dios oscuro al que ofrecían todo tipo de rituales y sacrificios. Y aunque ya habían conseguido recuperar sus tierras, ya no había retorno para lo que habían sido, y estaban empeñados en aumentar las tierras que dominaban, no ya con la conquista guerrera, sino por medio del terror al que sometían a los pueblos de alrededor.







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